Los contenidos audiovisuales se construyen a partir de un relato unitario en el que cada concepto del guion se traduce en un lenguaje visual específico. La producción audiovisual se plantea como una herramienta para hacer comprensibles y experimentables realidades complejas vinculadas a los archivos, combinando información, territorio y relato institucional.
La red de centros se expresa mediante mapas animados que visualizan los archivos como un sistema vivo e interconectado, mientras que la mirada hacia el futuro, centrada en el nuevo centro de Can Batlló, adopta un registro visual más arquitectónico y proyectual, integrando espacio, datos y narrativa.
La dimensión pública de los archivos se trabaja a través de la visualización de datos, transformando cifras de uso y actividad en gráficos en movimiento que hacen visible su impacto social. El patrimonio documental se representa poniendo en valor su escala y magnitud, tanto física como digital, y el proceso de digitalización se muestra como una transformación visual del documento, haciendo perceptible el paso del soporte material al dato.
Finalmente, la inteligencia artificial y la investigación se incorporan mediante un lenguaje visual más abstracto y tecnológico, conectando el patrimonio histórico con las herramientas de conocimiento del futuro.